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La gravedad de no pensar

publicado a la‎(s)‎ 10 ago. 2016 4:13 por M. Ángeles Vázquez
| Por Olga Elena Martínez Gómez | En los años sesenta, la filósofa e historiadora alemana Hannah Arendt escribió un ensayo sobre la banalidad del mal para explicar la conducta asesina del nazi Adolf Eichmann cuando ejecutó a miles de judíos en la segunda guerra mundial. Ella explica que el mal no necesariamente lo hace un hombre malvado, sino uno que renuncia a pensar por sí mismo y se deja llevar por una corriente política o ideológica. Una persona normal, producto de su tiempo y de las circunstancias políticas que le tocó vivir. 
Esta reflexión es aplicable al momento histórico que estamos viviendo en Colombia. 
¿Cuántas personas existen en nuestro país que no se detienen a pensar qué hacen con sus vidas, que solo les interesa vivir la cotidianidad con ideas o gustos prefabricados de maquinarias poderosas que solo les interesa que el individuo se convierta en ente y malgaste todo su tiempo en fútbol, sexo, licor o frivolidades? Cuantos colombianos siguen una ideología porque su líder es atractivo o alguna vez encontró similitud con alguno de sus pensamientos y por ello, sin importarles que las demás acciones hayan sido atroces, como hipnotizados, no son capaces de pensar en todo el mal que ha generado.
Conozco a muchas personas tranquilas y buenas que no se han detenido a pensar en lo devastador que podría ser para el país, apoyar la continuidad de la violencia. Precisamente son estas personas trabajadoras, que cumplen con las normas y siguen a ciegas los pasos de sus líderes, quienes pueden cometer los actos más terribles por no pensar. Eso explica la tesis de la banalidad del mal, de cómo cientos de seres humanos, sin pensar, oprimen un botón por órdenes de un superior, cierran una puerta o introducen en una urna un voto sin un acto de reflexión. Estos seres humanos pueden cometer los peores actos de maldad, porque están seguros de que algo tan simple no puede generar tan terribles consecuencias, porque no tiene la capacidad del discernimiento ante actos sencillos de la vida. Pero el tiempo les mostrará con saña, quizá en sus hijos, el gran error. 
Pido a mis compatriotas que antes de votar por el plebiscito, por lo menos piensen y reflexionen que con un voto a favor de la violencia, nos acercaremos un paso más al abismo, a la imposibilidad de salir de este oscurantismo en que vivimos hace tantos años, donde los perdedores somos casi todos, menos un puñado de personas con dinero y poder, que solo con mover su meñique pueden salir del país con sus inmensas fortunas y ver con sus lentes en 3D como se destruye el país que nunca les ha importado.

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