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Mi viaje a España

publicado a la‎(s)‎ 24 oct. 2015 9:41 por Mirada Malva
| Por Olga Elena Martínez Gómez | Hace un mes fui a España a presentar mi novela. El lanzamiento tuvo como  participantes a varios escritores y poetas colombianos residentes en Madrid al igual que varios intelectuales españoles. Fue un encuentro cálido y bien conducido por la Editora de la Editorial Mirada Malva, María Ángeles Vázquez y la escritora Martina Robles. Se crearon bellos vínculos de amistad alrededor de la literatura que espero que perduren y crezcan a través del tiempo. Dejar mi semilla en el viejo continente fue algo que me llenó de inmensa alegría y espero que en un tiempo no muy lejano comience a dar sus frutos.
Después de la presentación, quise recorrer varias ciudades españolas, que son una bella amalgama de construcciones pretéritas y modernas. En esta oportunidad, fue otra mirada la que me alimentó, quizá de más madurez y de mayor disfrute que años atrás. Caminar por Barcelona y verla impregnada con el sello del arquitecto catalán Antoni Gaudí, que convirtió aquella ciudad en un ícono de la arquitectura moderna, me maravilló de nuevo. Reconocer la marca de su genio, que  fue el producto de ver el mundo de forma diferente, de analizar esa información con una mente enriquecida de sensibilidad, talento e inteligencia y luego llevarla al plano real, donde su genialidad se reconoce en la curva de una silla o en las paredes de una catedral, me conmovieron, al igual que su triste final, ya que fue atropellado por un tranvía, con el agravante de que fue confundido con un mendigo por el aspecto descuidado de su indumentaria y la falta de identificación, situación que demoró la atención médica y lo llevó a su muerte.  
Más al sur, mi asombro no disminuyó. Volver a caminar por la calles de Córdoba, o Granada, me recordaron la vasta riqueza que trajeron los árabes a España desde principios del siglo VIII cuando entraron por el estrecho de Gibraltar. Por ochocientos años los musulmanes enriquecieron la península Ibérica con sus diferentes conocimientos, gracias a que lograron separar la religión de la ciencia, y ayudaron a salir a España del oscurantismo en que estaba sumida por la religión católica. Ayudaron a generar un gran desarrollo científico, en especial en las matemáticas, con el álgebra, la aritmética y la numeración arábiga; en la astronomía, donde estudiaron con detalle los movimientos de las estrellas y los planetas por medo del astrolabio, y en la medicina, cuyo máximo exponente fue Averroes. También alimentaron la lengua castellana con más de 4000 vocablos e hicieron conocer el pensamiento  aristotélico, que en España ni Europa era conocido.  
Con este inmenso legado y además, al tener ante mis ojos el imponente palacio de la Alhambra y sus jardines o la magnífica mezquita de Córdoba, me llevaron a concluir que los cruces raciales son benéficos para el ser humano en muchas circunstancias. Por esto, Latinoamérica debe aceptar su condición mestiza, porque si no reconocemos nuestras raíces no podremos construir un futuro mejor. Estoy segura que un pueblo que asuma y mantenga lo mejor de cada raza, podrá encumbrarse como una nación más rica y poderosa. Por esto, cuando nuestra América del sur asuma su condición diversa, daremos un paso gigantesco hacia adelante y quizá nos acerquemos un poco más al día en que seamos el eje conductor de nuestro planeta tierra. 

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